Hola, bandoleros.
En esta entrada voy a profundizar un poco más en la vida de Jaime el Barbudo, ya que hasta ahora no hemos comentado nada al respecto. ¡Y ya es hora de ponerse serios! Aquellos que hayan leído la biografía recomendada en la segunda entrada de este blog, seguro que sabrán de lo que hablo.
Todo lo que os voy a comentar ahora, son los datos y episodios de la vida del Barbudo que están demostrados, que son reales, aunque algunos de estos episodios aparezcan en novelas.
Jaime Alfonso nació el 27 de octubre de 1783, en Crevillente, y no fue hasta 1805 que se convirtió en fugitivo, cuando mató accidentalmente a un hombre conocido como el Zurdo. A partir de ese momento, acusado de asesinato, se refugió en el monte. Durante los primeros meses en las montañas estuvo en contacto con la banda de los Mojicas —temida banda ilicitana, recordada por ser cruenta y sanguinaria—, con la que se enemistó al poco tiempo por impedir que estos mataran a la sobrina del Marqués de Rafal y a su marido.
A los pocos meses ya tenía formada una banda y una red negocios y espionaje con casi todos los habitantes de la zona. Tal era su influencia que ya entonces fuera de la comarca se había oído hablar del Barbudo. Tres años más tarde del incidente con el Zurdo, ya comenzada la Guerra, se promulga un decreto que invita a los «fuera de la ley» a unirse a la lucha, y autoriza a las guerrillas a entrar en combate. Jaime y otros bandoleros vieron en las guerrillas la oportunidad de conseguir el indulto y participaron activamente en ellas. La acción de Jaime como guerrillero fue clave en diversas ocasiones. Su fama se extendió y logró ganarse la simpatía de muchos españoles. Inmediatamente después de la restauración fernandina, en 1814, el Barbudo recibe el indulto por la muerte del Zurdo. Cuatro años después, volvieron sus actividades delictivas y con mucha más libertad que antes, ya que contaba con el favor de diversas autoridades: Fernando VII propuso al obispo de Orihuela pagar a cuadrillas de bandidos para la persecución de liberales.
Al tiempo, con los cambios políticos, el Barbudo se muestra como insurrecto nato: pierde todo el apoyo y se convierte en principal objeto de persecuciones durante todo el Trienio liberal. En mayo de 1820, aparece publicado el «Manifiesto de Jaime Alfonso» en el Diario de Valencia, donde el Barbudo pide perdón al rey y le ruega el indulto para él y para su cuadrilla. Se le niega el indulto y se declara absolutista acérrimo.
Jaime se une a la asociación secreta El Ángel Exterminador, que le promete el indulto, y persigue a los liberales que la asociación le indica. Tras el paso de los Cien mil Hijos de San Luis y la restauración del absolutismo, el comisario real de Valencia dirige al rey un expediente avalado por el obispo de Orihuela y el marqués de Rafal para que se le conceda el indulto a Jaime por los servicios prestados, y le nombran sargento mayor de una partida realista. Estas partidas se forman de antiguos bandoleros que se unen a él con la intención de conseguir la amnistía. Esto desagrada al pueblo, que no creía que los bandoleros fueran a dejar de actuar, pero, eso sí, ahora con total impunidad.
Sáez Calvo (el autor de la biografía recomendada en la segunda estrada de este blog) afirma que la aceptación de los bandoleros en las filas y el ascenso de Jaime Alfonso «es una maniobra política que facilite su posterior detención una vez integrado en el ejército». Durante la década transcurrida entre 1823 y 1833 se celebraron una cantidad de juicios sumarísimos y sentencias por parte del Tribunal Militar murciano. En 1824 se juzga a Jaime por robos en despoblado, se le declara culpable y le condenan a la horca, lo que llama bastante la atención dado que esa muerte estaba reservada a asesinos y Jaime era conocido, precisamente, por no derramar sangre. Tras el ahorcamiento de Jaime, descuartizaron su cuerpo, frieron los miembros y los expusieron en diferentes plazas de la comarca, en parte como trofeo, en parte como aviso a otros bandoleros.
Espero no haberos aburrido, bandoleros. Nos leemos.
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